Foto de la artista Lola Greco

Lola, Ángel y Federico, de lo culto a lo popular

Lola Greco bailó a Ángel Barrios sobre un poema del ‘Romancero Gitano’ en una noche que sirvió para rendir homenaje a uno de los músicos más grandes y polifacéticos del firmamento granadino en los cincuenta años de su muerte.

No hay nada inconexo en el lenguaje de Lola Greco. Quizás sea en su idiosincrasia donde más se pueda disfrutar de la fusión de bailaora-bailarina en un solo ser artístico. Con esta fórmula la danza española se hace aún más elegante y las formas clásicas desprenden un pellizco que puede llegar a donde cada tradición, por su lado, no alcanzaría . En ‘La Preciosa y el viento’ está todo lo anteriormente citado, como también lo está en las creaciones de Ángel Barrios, granadino universal al que se rinde tributo en el cincuenta aniversario de su muerte. Todo ello inspirado en el poema ‘Preciosa y el aire’ de Lorca, otro genio local cortado por el mismo patrón multidisciplinar. Por todo esto el público que casi llenaba el teatro Isabel La Católica era tan variada y diverso, aunque ligado por las ganas de ver más que por las de hacerse ver. El precioso recinto granadino no viste socialmente como otros  pero en poco más de medio aforo  reinaron los amigos de la cultura en lugar de los amigos del acto frívolo y social.  Volviendo al contenido en lugar de seguir hablando del continente hay  que destacar que Lola Greco cuenta con dos pilares fundamentales en la primera parte espectáculo: La colaboración en las coreografías del mismo de Ricardo Cué y tener encima del escenario al bailarín del  Ballet Nacional de España Sergio Bernal en el papel de cónsul inglés. Con estos mimbres y un elenco completado por Mariano Cruceta, Pepa Sanz y José Merino todo fue disfrutar de una historia a medio camino entre la mitología griega y la gitana arropada por el piano de José Luis de Miguel Ubago.

 

Tras un breve descanso, seis números donde brillaría con luz propia Sergio Bernal, junto a Lola Greca en ‘El último encuentro’ o por si solo en ‘Esplendor’, una pieza sobre partitura del grupo folk Coetus.  La Greco rindió homenaje a su madre en ‘Goyescas’ del maestro Granados y posteriormente a Paco de Lucía sobre música de Albéniz. Dos piezas donde la madrileña demostró todo lo que aún retiene. Para completar programa y ni mucho menos de menor calidad, ‘Plegaria y nocturno’ y ‘Dualidad’.  La primera de ellas un paso a dos donde la tradición española se mezcla con lo contemporáneo y la segunda una pieza preciosa donde a la guitarra flamenca de José Luis Montón respondió Mariano Cruceta con un estilizada teatralidad y  un destacado taconeo. A su manera, de lo más flamenco de una noche que fue por otros derroteros.

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