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No todos deberíamos llamarlo Paco

Texto: José Manuel Rojas

Una de mis muchas manías es no soportar que la gente llame por el nombre de pila a los genios cuando apenas los ha tratado. Me parece una falta casi de respeto pero en el caso de Paco de Lucía creo que comprendo que la causa era distinta al pavaneo al postureo. Paco de Lucía, al igual que Enrique Morente, era, según sus afines, el genio de la cercanía, de la modestia y sobre todo, de la naturalidad. Esas tres cosas hacen que cualquiera sienta una mínima sensación de familiaridad y pertenencia. Un ejemplo: En la última edición del Festival de Música y Danza, donde participó, se hizo fotos con todo el mundo que se lo pidió y sin perder un ápice de la sonrisa que mantuvo en el escenario ante cada ‘solo’ de sus acompañantes. Hoy, en Facebook, he podido volver a ver esas instantáneas junto a guitarristas de la tierra como Alfredo Mesa o José Fernández hijo. Ellos, y otros como Josele de la Rosa o Rubén Campos no han podido contener la pena a través de las redes sociales. Ellos si pueden llamar, con todo el derecho del mundo, al genio  simplemente Paco. Ellos ahorraron para sacar una entrada para el concierto del pasado julio o se acercaron a los alrededores por no reunir el dinero suficiente para la misma. Ellos iban a Discos Gran Vía cuando se enteraban que el maestro de Algeciras iba a sacar un nuevo trabajo para preguntar, día tras día, cuando salía. Ellos me llamaban y me decían: “¿Has escuchado ya el último de Paco?”  Hoy, cuando el corazón se le ha roto al igual que muchos compañeros de profesión rompían cuerda al intentar ejecutar su rondeña, todos somos muy de Paco. Medios de comunicación, organismos oficiales y políticos de turno. Todos nos daremos golpes en el pecho por su muerte cuando quizás no pasemos de haber tarareado ‘Entre dos aguas’ o saber que era el hombre que acompañaba a  Camarón de la Isla. La pérdida pasará rápido hasta la próxima pérdida. Pero gente como Alfredo, José, Josele, Rubén o los aficionados a las seis cuerdas – en el formato que sea – llorará más tiempo aunque no puedan asistir a galas ni homenajes de instituciones ni de compañeros de primera línea. Ellos merecen hablar de Paco y ojalá lo hagan sin parar de estudiar y creando falsetas. La guitarra no ha muerto pero sangra por seguirilla sin remedio.