Foto de Arcángel

Arcángel, noche de cante

Crítica del recital de Arcángel en los Encuentros Flamencos de Granada

Pocos son los cantaores que hoy en día se sientan en un teatro y se tiran dos horas cantando. Arcángel lo hizo la noche del viernes en el Isabel La Católica en un recital de cante sin artificios. Tras verlo dos veces en el Festival de Música y Danza en espectáculos donde compartía protagonismo con otras disciplinas musicales había ganas de una velada con el flamenco como único rey. Un flamenco puro pero cargado de giros interesantes, triples voces, asociación de palos y diferentes hechizos jondos capaces de embrujar a cualquiera que de verdad quiera que este arte sea más que un mero karaoke. El onubense madura y  también evita forzar el agudo imposible, que quiera o no, debe haberle pasado factura estos años. Ahora se mantiene en tonalidades altas pero menos efectistas, de esas que no buscan el aplauso inmediato sino la ovación final por todo un trabajo bien hecho. De su extenso repertorio creo que únicamente se rompió en algunos arranques por seguirilla, palo que remató con mucha rabia por este hecho totalmente perdonable. Perdonable ya que durante el resto de la actuación fue a la vez afinador y metrónomo. Sus espadas para esta fueron de lujo, como siempre. Miguel Ángel González tocando a medio camino entre el clasicismo y la innovación pero siempre con el peso del saber por bandera, Agustín Diassera con esa percusión que sirve de bastón para cualquier cantaor que no la vea como enemiga y Los Mellis, sobrados de compás en coros y palmas pero faltos de cante cuando se les cede protagonismo. Homenaje a los pregoneros antiguos, recuerdos a los grandes intérpretes por soleá, villancicos, buenos abandolaos – especialmente el fandango de Lucena – y una fiesta por bulerías llena de complicidad con los suyos fueron algunos de los palos que allí se pudieran escuchar allí, antes que Arcángel se dirigiese al respetable para felicitar las fiestas, agradeciese a la familia Sabater la posibilidad de haber dado este recital y dedicase a Aurora Carbonell – viuda de Enrique Morente – una pila de fandangos de Huelva antes lo que quitarse el sombrero. Dos horas habían pasado volando ¿Cuestión de duendes?

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