Foto de Esperanza Fernández en el Patio de los Aljibes

Saramago suena al fresco del Patio de los Aljibes

Esperanza Fernández vistió de duende algunos de los versos del fallecido José Saramago arropada por un notable  cuadro y la presencia de la bailaora Pastora Galván como artista invitada.

Más de uno a de los asistentes al Festival de Música y Danza no paraba de mirar al cielo por el camino que lleva desde la entrada principal de la Alhambra hasta el Patio de los Aljibes la pasada noche del miércoles. Miedo de que la lluvia estropease una de esas veladas donde el flamenco y el mundo de las letras se vuelven un demiurgo de sapiencia enmarcado en un rincón de belleza incomparable que se palpaba en el ambiente. Pero todo quedo en miedo – y frío –  y se pudo disfrutar de La unión entre Saramago y Esperanza Fernández. La simbiosis del verso y el quejío. La combinación de una de las voces femeninas más profundas de la actualidad  con la poesía de un hombre al que casi todo el mundo  conocía como prosista. Poesía escrita desde la humildad pero comprometida con valores como la justicia, la solidaridad, y el amor a la humanidad. Valores, como ha dicho la propia Fernández en otras ocasiones, “hechos poemas y que llegaron a mi corazón para ser cantados”. La sevillana arrancó de raso blanco y con tacones negros recitando antes de enfrentarse, sin ayuda de nadie, a esa especie de toná que es ‘Dimisión’, un cante que si no llama la atención por su estructura si lo hace por su contenido. Y es que escuchar “Este mundo no sirve que venga otro” deja el campo abierto para la reflexión personal, mucho más allá de cualquier espectáculo de flamenco. Mucho más allá de cualquier libro de poesía. Tras esta solemnidad al inicio llegó ‘Madrigal’ una bulería lenta al golpe que dio pasó a la entrada del guitarrista Miguel Ángel González. El granadino tomó los mandos de un cuadro vistoso y acertado a lo largo de toda la velada e hizo ‘Ha de haber’ una bulería al golpe pero con ecos a cuplé de paseo por Cuba. Entre aplausos Esperanza miraba a los suyos y bromeaba con el público sobre lo frío de la noche. Un público entre él que se encontraba Marina Heredia que gustosa le dejó un mantón del que Esperanza ya no se separaría durante toda la segunda parte del espectáculo. Un espectáculo que se ciñó estrictamente a la presentación del disco ‘Mi voz en tu palabra’ exceptuando sendos toques solistas protagonizados por Cortés – granaína que murió en fiestas – y Eduardo Trassierra – fantasía con aires de rondeña.

 

Mejor la segunda parte

 

Hasta el momento no se había podido disfrutar de la mejor cara de la cantaora sevillana, quizás por la temperatura o quizás debido a que la poesía de Saramago es difícil de llevar a la métrica flamenca. Entre apuntes, leyendo diversos fragmentos del repertorio, Esperanza elevó el recital  con ‘Alzo una rosa’ un tema totalmente libre y que supuso la primera salida a tablas de Pastora Galván. Con un vestido bastante desfavorecedor la de la Alameda de Hércules sacó tradición con algunas gotas de siglo XXI, una receta irregular que nos hizo olvidar totalmente cuando brilló por abandolaos que murieron en verdial. Aquí se vio velocidad, intensidad y esa ‘maldad’ tan personal que atesora reforzada por la maestría con la bata de cola. El frío ya se había pasado por unos tangos que fueron de lo mejor de la noche al igual que el garrotín que puso fin a la misma. Y es que por estos dos palos pudieron lucirse cada uno de los componentes del elenco artístico, principalmente  ‘Los Melli’ a los coros. Todo acabó según programa, sin bises ni petición de los mismos por parte de un público que no llenó el precioso patio nazarí en la segunda noche de flamenco de un festival que espera con ansia la llegada de Marina Heredia

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