Compañía flamenca Antonio Gades

‘Fuego’ llena un refrescante Generalife

‘Fuego’ de la Compañía Antonio Gades llevó al Generalife una nueva vuelta de tuerca de ‘El amor brujo’ a medio camino entre el simbolismo y el costumbrismo propio del genio alicantino.

Las contradicciones del fuego son muchas. Quizás como las de sus iguales elementos. Lo mismo es capaz de hacernos mantener la vida que de quitárnosla, de calentarnos o  de quemarnos. Todas estas reflexiones vienen a mi cabeza tras disfrutar en la noche del martes de ‘Fuego’, último montaje donde Gades y Saura trabajaron juntos y que no ha sido estrenado en España hasta el pasado domingo en Madrid. 25 años después de su estreno en Francia. 10 años después de la muerte de uno de los  genios de la danza. El tiempo y el fuego. El fuego y el tiempo. Siempre el tiempo, nominado eternamente a quinto elemento. Sin duda un binomio unido para la ocasión por diversas circunstancias que estuvieron presentes en la cabeza de muchos de los asistentes al teatro del Generalife por lo comentado al salir de la representación. Todos de acuerdo en que Gades y su concepto de espectáculo es atemporal y que, quizás por lo que le quedaba por mostrar, debería haber sido eterno. Perdimos con su muerte la oportunidad de ver un ‘Quijote’ coreografiado dignamente pero por el empeño de Stella Aurazo, actual directora artística de la Compañía y última pareja del maestro, también tenemos la oportunidad de seguir disfrutando de un legado que no para de girar por todos los rincones del mundo. En ‘Fuego’ todo gira en torno al acercamiento que Gades y Saura hicieron a ‘El amor brujo’ de Falla. Un ballet flamenco teatralizado y lleno de contrastes. Una historia de amor entre Candela y Carmelo donde muertos del pasado impiden que todo llegue a buen puerto en un principio. Una deuda que interpreta el granadino Miguel Ángel Rojas metido en la piel de un mártir de una reyerta donde andaba también Carmelo. Una reyerta por la que todavía sufre Candela y que no pararía de atormentarla si no fuese por la mediación de una hechicera, cuarta protagonista del montaje. Más allá de un argumento que perfectamente podría venir de una tragedia griega cabe destacar que el total de lo visto es creíble por la diversidad de prismas desde las que se encaran situaciones tan diversas como una Navidad o una reunión de comadres. Por citar un momento específico reseñar el ritmo tétrico de unas sevillanas a golpe de tambor que podrían encontrarse  más cercanas a un desfile de la Santa Compaña que a cualquier acto festivo. Pues en décimas de segunda todo se rompe y, de golpe y porrazo parece que el teatro del Generalife es una extensión del Rocío. Igualmente en la Navidad anteriormente citada encontramos villancicos, bulerías y tangos que nos transporta a cualquier  realidad festiva gitana actual. Una eternidad que se hace solemne con la voz en of de Rocío Jurado que a día de hoy resulta aún insustituible.

 

Puntos débiles

 

Pero ‘Fuego’ tiene carencias como un escenario casi desnudo y un elenco de cantaores que no está a la altura de un espectáculo de esta magnitud. Especialmente para olvidar un intento de ‘Los Campanilleros’ a la manera de Manuel Torres.  Esta situación no se da en el ámbito de las guitarras donde Antonio Solera y Camarón de la Pitita cumplen puntualmente. Ellos levantan una noche de música enlatada quizás por falta de presupuesto. ‘Fuego’ puedo crecer y hacerse enorme veinticinco años después de su estreno. Está cargada de simbología, de un mundo culto y popular, de un elenco de baile totalmente polivalentes y de una historia eterna donde, por el beneficio de todos los públicos, triunfa el amor. En este caso, por culpa de una bruja.

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