Foto de la cantaora Mayte Martín

Mayte emociona a los muertos

Crítica del recital de Mayte Martín en la jornada inaugural de ‘Flamenco Viene del Sur’

Ficha flamenca

  • Espectáculo: ‘Por los muertos del cante’
  • 24 de Febrero 21:00h Teatro Alhambra
  • Lleno
  • Cante: Mayte Martín. Guitarra: José Luis Montón y Juan Ramón Caro. Percusión: Chico Fargas

El cante se puede decir de muchas maneras pero siempre he defendido que todas se pueden encuadrar en las combinaciones resultantes entre decirlo bien o mal y con transmisión o sin transmisión. Mayte Martín siempre se sale de este esquema, pues ella es un manantial de conexión con los sentimientos del oyente pero siempre cantando a su manera. Una manera que es difícil de calificar de buena o de mala, es la suya. La de una cantaora, también cantante, de voz limpia, pronunciación perfecta y modulación arrebatadora. Armas que quizás no la hagan maestra en las bulerías – único palo por el que no convenció anoche hasta que recordó por él a Machín y a Concha Piquer – pero la hacen gestora de altos niveles de buen paladar, por ejemplo, en los cantes de ida y vuelta. Y es que de todo hubo en este ‘Por los muertos del cante’, un homenaje por parte de la Martín a los principales artistas y personas que han hecho mella en su formación y configuración flamenca. Todo ello en una atmósfera muy minimalista pero con una producción musical elegante en base al toque y los arreglos de José Luis Montón y Juan Ramón Caro y la percusión, comedida pero presente, de Chico Fargas. Implicados en un repertorio variado y de buen gusto, arrancaron con una revisión emocionante de ‘Los Campanilleros’ de la Niña de la Puebla y un recuerdo a Carmen Amaya a través de ‘La Tana’. En esta zambra la cantaora sorprendió con un soniquete que posteriormente aplicaría a unos tientos-tangos de Pastora Pavón. Y es que de la catalana no se puede decir que esté privada de compás sino que lo maneja a su antojo – no al del compás, sino al de ella – siendo esta capacidad más una virtud, que la aleja del resto de compañeros de profesión, que un defecto. Fuera de la evaluación, anteriormente hecha, de los cantes de ida y vuelta y sus bulerías al golpe, cabe destacar el remate por fandangos del Albaicín a una serrana correcta, la milonga del solitario de Atahualpa Yupanqui y un precioso ‘mix’ de sevillanas de Manuel Pareja Obregón que ponía fin a un programa que fue acrecentado en el bis con su archiconocido ‘SOS’. El teatro, hasta la bandera, no paró de aplaudir. A veces, en Granada, coincide un público sabio y soberano

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