Foto de Rafael Riqueni

El regreso del genio

Crítica del recital de Rafael Riqueni en los Encuentros Flamencos de Granada

Un genio, algo menos de medio aforo de un teatro y casi dos horas de música. La noche del lunes, con esos elementos se ha convertido en histórica, al menos en la última década del flamenco granadino. De hecho creo que podemos distinguir entre los que vimos la vuelta de Riqueni a suelo nazarí, y los que no. Nadie es mejor que nadie por estar allí, pero algunos estuvimos. Lo que sí se echó en falta fueron más guitarristas y guitarreros aunque se veían, y se escuchaban jaleando al maestro a Rubén Campos, Alfredo Mesa, Álvaro ‘El Martinete’, Francisco Manuel Díaz, Kiki Corpas o Rafa Moreno. Un abanico de entendidos muy de agradecer a tener a mano para comparar opiniones a posteriori y ratificar que no es exagerado nada de lo expuesto al principio de estas líneas. Vivimos algo histórico. Tres conciertos en uno. Casi 120 minutos reparadores de corazón y alma que arrancaron con el repaso a ciertos temas de ‘Parque de María Luisa’, un disco donde la guitarra suena a agua, al trinar de los pájaros, a la calma de un paseo exento de prisas y ruido… ¿Cómo puede una guitarra sonar a tantas cosas? Escuchen este último trabajo del sevillano y paren sin prisa por composiciones con cadencias que podrían considerarse como de nueva guitarra clásica andaluza con el trémolo como mejor aliado. El rasgueo y el contenido netamente flamenco llegarían en una segunda parte donde reinó la enorme taranta recogida en ‘Alcázar de cristal’ o una soleá extensa y cargada de ese tiempo que muchos parecen olvidar y es tan necesario. De menos a más, alejado de las carreras y los saltos mortales tan de moda en el toque y tan aplaudidos por cierto sector del respetable que entiende un recital de guitarra como algo distinto a lo vivido. Todo es meritorio pero no todo reconforta tanto. Y entre aplausos, reiteradas ovaciones y piropos llegamos a la tercera parte del recital donde aparecieron Fiti Carrillo y José Acedo para, a dieciocho cuerdas llevarnos por los fandangos en homenaje al Niño Migue y la revisión de ‘Romero Verde’ del eterno Manuel Molina  ¿Fin? Ni mucho menos. Rafael tenía un ‘as’ en las yemas de sus dedos y la marcha procesional ‘Amargura’ sonó con él solo en el centro del escenario mientras que las luces del recinto decrecían en su intensidad. Las lágrimas asomaron en algunos rostros y, el firmante, tuvo que secárselas. A veces la labor del crítico traspasa lo profesional y se funde con lo personal.

1 comentario
  1. Antonio
    Antonio Dice:

    Yo estuve en Sevilla, el 21 de noviembre y por trabajo no pude estar en Granada, pero para mí es un enigma que el que probablemente sea el mejor guitarrista del panorama, un músico con mayúsculas y un auténtico genio, no llene los teatros (el día de Sevilla, al lado de su casa, tampoco). En fin, ellos se lo pierden. Grande Rafael, bienvenido de vuelta.

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