Foto de Vicente Amigo

Vicente Amigo, guitarra flamenca eterna

El programa ‘Íntimo’ de Vicente Amigo conquista un Palacio de Carlos V totalmente hipnotizado por el soniquete de su guitarra flamenca

 

Dos han sido las oportunidades que hemos tenido de disfrutar del toque de Vicente Amigo en este curso académico que ya acaba. La primera, el pasado mes de diciembre en el Auditorio Manuel de Falla junto a una orquesta y rindiendo homenaje a Rafael Alberti. La segunda, la noche de ayer domingo en el Palacio de Carlos V, en un entorno mucho más bello y con un formato mucho más reducido, casi de andar por casa, pero por una casa que imaginamos llena de arte e ideas. Y es que el universo de este cordobés de principios, que no de cuna, es uno de los mayores argumentos ilusionantes de la guitarra flamenca de lo que llevamos de siglo XXI, más allá de los ‘corta y pega’ de compañeros de profesión que “únicamente”  lo colocan como el heredero del legado de Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar. En el toque de Amigo está eso pero también lo de antes y todo lo que está viniendo ya que él, por méritos propios, se ha convertido en las seis cuerdas de referencia para los maestros futuros del toque. Parco en palabras, tras un solo donde nos paseó por la soleá y otros palos del flamenco con el mismo nivel de sencillez que de belleza, se dirigió al respetable de la siguiente manera: “Vamos a sentir bonito para intentar dárselo a ustedes” Una máxima que se cumplió a lo largo de una velada donde se repasaron más de veinticinco años de carrera discográfica plasmada en siete discos en solitario y muchos más al lado de grandes figuras como El Pele. Pero anoche el protagonista era Vicente  y su toque pausado a la par que profundo, apto para todos los amantes de la música y especialmente noble de cara a los aficionados del flamenco. Ese último gremio disfrutó mucho por tangos, o por esos fandangos que son ‘Mensaje’ y han quedado inmortalizados al lado de la voz de Duquende. En esta ocasión las pinceladas al cante las puso Rafael de Utrera, notable en su rol cuando no se quedaba a medio gas en estribillos melosos al servicio de las seis cuerdas. Junto a ellos completaron esta pequeña orquesta de cinco miembros el percusionista  Paquito González – habitual de nuestra Marina Heredia – , Añil Fernández, escudero de lujo en los coros y a la segunda guitarra, y Juan Manuel Ruiz con uno de esos bajos presentes pero siempre sin molestar. Un equipo ganador donde Amigo se apoyó e incluso se integró. Lo de esconderse no va con él y lo notamos en ‘Autorretrato’ un toque que se vistió de brillante bulería hace seis años al lado del eterno Enrique Morente. Hasta el calor pareció remitir en ese momento y un halo, entre nostálgico y triste, vistió a los conocedores de la historia. Ecos de rumba también bambolearon los pies de algunos curiosos que solicitaban descanso para beber agua. Sin embargo el programa no tenía descanso. Ni de tiempo, ni de belleza, ni de sentimiento. La guitarra de Vicente Amigo hacía sentir y sentía con temas más aperturistas como ‘Roma’  o ‘Campos de San Gregorio’ frente a un repertorio total donde ganó  todo el imaginario que da tener la base de la eterna sabiduría bulera. Sin duda, una buena noche. No redonda, pero una buena noche.

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